
Te suplico, si no es excesivo mi ruego,
que salgas de las tinieblas en que te escondes.
Por ti pregunto en el Campo Menor,
por ti indago en el Circo y en las bibliotecas,
y en el templo sagrado de Júpiter.
Amigo, en la ruta de Pompeyo
detuve a las muchachas
y aunque sus rostros exhibían calma
ante ellas así te reclamé:
«Devolvedme a Camerio, mujerzuelas».
Más una desnudando el seno, sentenció:
«En mi pezón de rosa está escondido».
...y aunque resistir es labor de Hércules
¿Con qué soberbia me desdeñas?
¿Dónde te encuentras?
Aparece sin miedo, entrégate a la luz.
¿Acaso te retienen niñas de leche?
Si en la boca has sepultado tu lengua
te dejarán todos los frutos del amor
pues a Venus las palabras le alegran.
Pero calla, si eso deseas,
mas dame parte de tu amor.